viernes, 29 de agosto de 2014

Comida AMUM de Agosto


Un salpicón de marisco y una merluza a la plancha fueron testigos del almuerzo de AMUM de Agosto. Fuimos un grupo de más de veinte mujeres universitarias las que nos aventuramos a atravesar las paredes aéreas de casi cuarenta grados para reunimos en “El Capricho” con el objetivo de compartir nuestras experiencias laborales, académicas y personales, acabando como siempre que se reúnen personas de pensamiento práctico, a carcajadas, por las ocurrencias y anécdotas de las integrantes de tan bien avenido grupo.

 

    Nos pusimos al día y comentamos nuestros próximos eventos: seminarios, conferencias, el viaje a Sevilla para apreciar las bondades del Barroco Hispalense y la asistencia de algunas de nuestras socias a Rumanía, sede este año del encuentro de la Federación de Mujeres Universitarias de Europa.

 

    Echamos de menos a algunas socias que están pasando momentos delicados y a otras que están en plena vorágine creativa por esos mundos de Dios.

 

    Antes de la comida, tuvimos la fortuna de ser conducidas por el asesor de arte Adolfo Flores, cual cicerone avezado, a través de la nueva exposición que la Red Penguin El Capricho inauguró el pasado 22 del presente, disfrutando de la ecléctica variedad de materiales, formatos y artistas pensados para un ambiente amable, desenfado, con ligeros toques de ironía.

 

 

 Y finalmente quedamos convocadas para el evento de la semana, organizado por el Museo del Grabado de Español Contemporáneo, presidido por nuestra compañera y tesorera la brillante Blanca Molet, con un tema necesario y actual, la influencia del Greco en el arte contemporáneo. Una vez más una delicia de momento.


Ana E.Venegas
Fotos de Garbiñe Larrazábal y José A.Correa


miércoles, 27 de agosto de 2014

Concierto Inaugural de Música Con Encanto






Actividades de las socias :



Nuestra socia , María Testa nos comunica el inicio de temporada de conciertos.

Empezamos con un recital de piano en el que oiremos obras de Beethoven, Chopin y Mussorgsky.
Serán ejecutadas por Mikhail Mordvinov.
Este jóven pianista empezó a tocar  a los 6 años.Ha sido alumno de escuelas tan prestigiosas como Gnessin de Moscú y la Universidad de Hannover. Ha ganado premios como la Competición Schumann en Zwickau y la Competición Schubert en Dortmund.
Ha tocado en los grandes escenarios musicales del mundo.Así: Kontzerthaus Berlin, Philarmonie de Munich , Minato Mirai Hall en Yokohama, Conservatorio de Moscú, Meistersingerhalle en Nurenberg y Kumho y Sejong Art Centers en Seul.
Estamos ante un importante acontecimiento musical el próximo 20 de septiembre.

martes, 26 de agosto de 2014

Tertulia AMUM Agosto 2014: "El Mar" John Banville

    La tertulia de AMUM del mes de agosto se celebró ayer en la habitual sede del Marbella Club. Un buen número de valientes socias y aspirantes desafiamos al calor para disfrutar de una tertulia de alto nivel, donde coincidimos casi absolutamente en la gran obra que habíamos tenido la fortuna de elegir, “El Mar” de John Banville.

   
   La conexión de dos etapas vitales de Marx Booker es la muerte, el tan bien traído símil produce efectos curativos no sin las cicatrices que la experiencias de la vida dejan en nuestra pobre alma. El autor nos muestra el efecto de la memoria sobre los sentires humanos, nos hace más desconfiados pero a la vez más encallecidos.

    El flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 nos ofrece una estructura ingeniosa basada en la comparación de dos hitos en la historia de su vida: El primero es el despertar pubescente en el verano que más le marcó, cuando sintió las primeras pulsiones sexuales, enamorándose de la madre de una compañera de juegos, sintiéndose atraído por una institutriz y teniendo los primeros contactos con una Cloe adolescente. Esas emociones intensas quedan potenciadas por el trascurrir de una vida en pareja convertida finalmente en  monotonía y enfermedad. Ambos momentos son equiparables por la presencia de la muerte, de forma que el autor nos presenta la posible reconciliación con los hechos luctuosos del presente por la experiencia del pasado.

    La desaparición de un ser querido es un dolor intenso, desesperado en sus inicios pero debe dar lugar a una aceptación que nos lleve a seguir viviendo optimizando los recursos, marcados, amputados, pero con la posibilidad de seguir adelante. El protagonista, tras perder a su esposa, viaja  a su lugar de veraneo de la infancia junto al mar, donde encontrará los recuerdos suficientes para comprender que la muerte le ha visitado igual que aquel verano, verano que lo dejó marcado constituyendo una circunstancia trascendental pero con la que ha vivido todo el resto de su vida, de igual manera tendrá que seguir respirando en esta ocasión. El autor nos conduce a través de la historia con una maestría digna de literatos de peso, con retratos de las emociones que se pueden sentir, acelerando el corazón.

    Esta obra galardonada con el premio Man Booker presenta una historia reflexiva, intimista e inquietante desde una prosa preciosa, equilibrada, bella y llena de matices expresivos, mezclando hechos con reflexión, abstrayéndose, plena de flash backs que como en una onomatopeya metafórica refleja el normal devenir de los procesos mentales. Su lectura es una delicia que se disfruta en sus 224 páginas de reflexión sobre la pérdida, la soledad, la monotonía, la enfermedad,  la comprensión de la juventud desde la madurez y la reconciliación con el pasado y la existencia. Es una narración triste que encierra la alegría de la vida, de los despertares, la aceptación, la sabiduría que da la experiencia, un retrato de las emociones que provoca la existencia desde el punto de vista de la tolerancia y la coexistencia inevitable de Eros y Tánatos.

   John Banville es un mago de las letras, incluso tiene un alter ego, Benjamin Black que narra novela negra tan preocupado por la forma como en sus creaciones más intimistas. Su virtuosismo no es sólo formal sino que la intensidad del retrato de los personajes es prodigiosa, en “El Mar” dibuja a Cloe como una iniciática adolescente, en la que las preocupaciones estéticas aún no se han desarrollado, la presenta niña, niña corretona, con olores a juegos sudorosos, con dientes poco cuidados por la urgencia del disfrute pueril e iniciándose en las pulsiones de su cuerpo, la adolescencia no llega de golpe y el autor tiene la sensibilidad especial para mostrarnos a una Cloe en plena transición a la transición. Lo mismo ocurre con un Max que se siente inmaduramente inseguro, avergonzándose de sus padres, de su casa o aplastado por la culpa del pecado carnal, de palabra u obra. La culpa, es el ramalazo irlandés de sociedad católica que refleja sin grandes oropeles, exigiendo un lector avezado y atento.



    En fin que hemos disfrutado de una novela que nos ha hecho reflexionar y nos ha sobrecogido con una prosa cuidada de la que se leyeron varios párrafos por su belleza y contenido, quedamos en la certeza de que a John Banville le esperan laureles aún más prestigiosos. Ahora reposamos un poco huérfanas, como cada vez que leemos una obra maestra…

jueves, 21 de agosto de 2014

Discurso de Carmen Díaz en el Nombramiento de Mario Vargas Llosa como Hijo Adoptivo de Marbella

Actividades de las socias:

Carmen Díaz García , Concejala de Cultura de Marbella y socia de AMUM, estuvo brillante y cercana en el discurso de Nombramiento de D. Mario Vargas Llosa como Hijo Adoptivo de Marbella . 




                                                                                                    
MARIO VARGAS LLOSA HIJO ADOPTIVO DE MARBELLA
Marbella, 15 de agosto- 2014

Buenas tardes:
                  Vaya por delante y antes de iniciar mi misión, permítanme comenzar haciendo  una  declaración de pánico.  
                    Si D. Mario Vargas Llosa dijo sentirse algo abrumado en el acto de entrega del Premio Miguel de Cervantes en el año 1994   “Qué puede decir este afortunado escribidor que no haya sido ya dicho sobre Cervantes? ¿Qué decir sobre su obra que no rechine como disco rayado?”  Háganse una idea de cómo me siento yo en estos momentos pretendiendo componer  una semblanza  de un gigante de la literatura que cuenta con los más importantes reconocimientos literarios: Premio Nobel de Literatura, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Premio Miguel de Cervantes, Premio Rómulo Gallegos… como una hacendosa hormiguita intentando levantar a un gran elefante.  Y pido permiso al Sr. Vargas Llosa para agarrarme  permanentemente a sus palabras.
                     Mario Vargas Llosa, marqués de Vargas Llosa, ciudadano peruano y español, nació  un domingo 28 de marzo de 1936. “Perú para mí es una Arequipa donde nací pero nunca viví, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis tíos me enseñaron a conocer a través de sus recuerdos y añoranzas”.  Pasa parte de su infancia en Bolivia “Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio La Salle, en Cochabamba. Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida”.   El resto de su infancia la vive, de vuelta a Perú, en Piura  “ La casa era  grande como una novela y escribir era jugar, como lo era también leer las historias de Gulliver, el capitán Nemo, Robin Hood, Genoveva de Brabante…
                      De Piura se trasladó a vivir a Lima “Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer….Y fue escribir… La literatura se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir”.
                      “Metiéndome al Colegio Militar Leoncio Prado, donde estuve interno en 1950 y 1951 – a mis catorce y quince años de edad- mi padre dio un imprevisto impulso a mi vocación de escribidor, habiéndose propuesto lo contrario. La soledad del internado hubiera sido irresistible sin la lectura,… El recuerdo de Alejandro  Dumas está inseparablemente unido a mis dos años en el Colegio Militar Leoncio Prado porque, qué duda cabe, él fue, con el Víctor Hugo de Los Miserables, el mejor amigo que allí tuve”
                        A los 16 años empezó a escribir en periódicos, actividad que no ha dejado de ejercer durante toda su vida. Estudió Letras y Derecho en la Universidad Nacional de San Marcos. En sus años universitarios escribió sus primeros cuentos, con los que haría su primer libro. Además de estudiar, trabajar, casarse y escribir, “leía, con voracidad y fiebre”
                       En 1958 con uno de esos cuentos,  ganó un concurso cuyo premio era pasar quince días en París;  y la beca Javier Prado, para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.  Esa feliz coincidencia nos trae a Mario Vargas Llosa a Europa, para quedarse.  “Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en París, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berlín, en Washington, Nueva York o la República Dominicana, me sentí en mi casa”
                       Recién llegado a España, ganó el Premio Leopoldo Alas de cuentos,  con su primer libro “los jefes”. Escribió “La ciudad y los perros. Primer encuentro con Carlos Barral, persona esencial en su vida.  Entre 1958 y 1961 escribe “La Casa Verde” en Madrid y en  París, adonde se fue al terminar los cursos del doctorado en la Complutense. Allí vivió siete años.
                     “De niño soñaba con llegar algún día a París porque, deslumbrado con la literatura francesa, creía que vivir allí y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudaría a convertirme en un verdadero escritor”  “Fueron unos años intensos y exaltantes, en los que empecé a sentirme hispanoamericano… y también años de trabajo sistemático, obsesivo, a la manera flaubertiana.  Flaubert, cuyas novelas leí y releí con el fervor de un discípulo, había desplazado a Sartre como mi ídolo y modelo intelectual. La literatura era el aire que respiraba cada día, lo que aderezaba y justificaba la vida,  mi razón de ser”
                     En París terminó  “La casa verde” y escribió “Los cachorros”. El compromiso pasa a un segundo plano, ante el creciente entusiasmo por la experimentación formal que estaba en el aire literario en los años sesenta. “La Casa Verde” está en un límite que me alegro no haber llegado a traspasar:  aquel  en el que la forma literaria deja de serlo y se vuelve tema, contenido. Las grandes narraciones, las grandes historias nos ayudan a los lectores a sobrellevar la vida verdadera. Esa otra vida no es nunca sólo forma. Era y es seres animados, aventuras vividas, hechos, pasiones, relaciones y peripecias extraordinarias del entramado humano”
                     En 1965 se casa con Patricia Llosa “sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia”
                    Vive luego en Londres, donde trabaja como profesor de Literatura Hispanoamericana y  en Barcelona. “De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta”. Ya era su agente literaria Carmen Balcells, quien después de leer La Casa Verde supo que Mario Vargas Llosa  debía dedicar todo su tiempo a ser  escritor.
                  En la década de los setenta Mario Vargas Llosa es ya un escritor leído, reconocido y consagrado. Que no deja de escribir un solo día de su vida; desde que era el trasunto de Zavalita (el periodista juvenil de Conversación en La Catedral) hasta hoy; entendiendo como Flaubert que “Escribir es una manera de vivir”.  Produce una obra ingente de narrativa, ensayo, artículos de prensa y, también teatro.  Sería largo  decir los títulos de todas sus obras, seguir su rastro por el mundo hasta hoy. Tres páginas ocupan la nómina de los títulos de sus novelas y ensayos. Cuatro la relación de todos los premios recibidos.  
                     La primera época de su escritura es una búsqueda incesante de un estilo; luchó para romper los esquemas habituales de la novela, y aunque su raíz es Faulkner, rompió los moldes y alumbró novelas que eran ejemplo de su afán por mostrar su rebeldía literaria, su pasión por tener una voz propia.  Cuando dominó los materiales y dejó ejemplos de sus dotes de fabulador (Pantaleón y las visitadoras, El Hablador, La tía Julia y el escribidor. Los cuadernos de don Rigoberto), se decidió por un asunto que sería decisivo en su bibliografía y en su manera de ser: La Fiesta del Chivo, sobre el régimen brutal del dictador dominicano Trujillo.
                     Imagine, D. Mario,  nuestra admiración, nuestro deslumbramiento, nuestro infinito agradecimiento por quien nos ha regalado vidas, nos ha hecho creer que podemos cambiar el mundo, soñándolo a través de sus ficciones; reírnos, llorar, enfadarnos, caer en la desesperación, rebelarnos, sentirnos héroes; reconciliarnos con la soledad y la impotencia de lo que somos, capaces de deseos infinitos y la imposibilidad de satisfacerlos. Reconciliarnos con el mundo   a pesar de las debilidades, a pesar de lo  mezquino, miserable y violento de nuestra condición. A sentirnos dioses creando de nuevo un mundo mal hecho. Eso que usted ha sentido y siente como lector de Melville, Hemingway, Kipling, Kafka, Víctor Hugo, Sthendal, Faulkner, Johanot Martorell, Balzac, Flaubert, Tolstoi y tantos otros escritores formidables.
                    Para nosotros en esa lista de grandes fabuladores, encantadores de vidas cotidiana,  pequeñas, y rutinarias;   iluminando la soledad, el miedo, la impotencia, la cobardía  y haciéndonos sentir capaces de ser mejores, de llenar de coraje, honestidad y bondad nuestras vidas, de luchar contra la violencia, el fanatismo, la injusticia, está Mario Vargas Llosa.
                    Gracias a usted seguimos soñando, encontrando alivio para nuestra condición. Como usted dice mejor “derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”
                    Ya con sus obras literarias, novelas, ensayos, teatro nos sentiríamos abrumados y paralizados sin saber cómo corresponder teniéndole cerca. Pero Mario Vargas Llosa es mucho más o es más que un creador. Es un admirable ser humano: es un hombre cabal, con sentido común, vítal, generoso, divertido, humilde hasta el extremo de que cuando le comunicaron que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura  no dijo que agradecía el reconocimiento a su trabajo y a su obra, dijo que lo consideraba un reconocimiento al idioma español. De una cortesía exquisita. Y, encima, es un hombre guapo. Una constatación de lo mal repartido que está el mundo…
                    Su vida dedicada a la literatura no le ha impedido, sino muy al contrario, estar en el mundo;  pero no desde una atalaya, sino mostrando una valentía poco común ejerciendo de ciudadano cada día. No juzga como un ser distinto a los otros, se implica, pelea por hacer un mundo más vivible. Hasta el extremo de presentarse como candidato a la Presidencia  del Perú en 1990. Con una generosidad infinita, porque solo tenía cosas que perder y muy poco que ganar, salvo poner su persona, su tiempo, sus ideas y su pasión por mejorar su país. Pero ni entonces dejó de ser lector y escritor: en aquella campaña electoral, en la que le ayudaron su mujer, sus hijos y cientos de amigos, Vargas Llosa leía El Polifemo de Góngora y escribía El pez en el agua. Cada día, con el mismo bolígrafo, del mismo color granate, en cuadernos que rellenaba con su letra picuda. Estuvo dispuesto a abandonar su vocación para dedicarse de lleno al servicio  público. Perdió en la segunda vuelta. Ganó la literatura y ganamos sus lectores.  Su altura ética es incontestable.
                  Y no deja de insistir en convencer al mundo:  “No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla- a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad”
                  En 1984 viene con su familia por primera vez a Marbella, a la clínica Buchinger,  visita a la que se ha mantenido fiel en estos 30 años. Y disfrutan de la ciudad; no es difícil verles en el cine-club Buñuel, en los toros, en la presentación de algún libro. Y es tan generoso que hasta aceptó en el año 2010 participar en la Feria del Libro de aquel verano. Aquí tiene amigos, así que aquí también está su patria (solo los afectos y la literatura nos salvan del horror);  además de ayunar, disfruta de la amistad y de la ciudad y, claro, escribe.
                   Vinieron por sugerencia de su agente literaria y amiga Carmen Balcells, que les hablaba con entusiasmo de sus estancias en la clínica.  La experiencia fue extraordinaria. “Nada más cruzar el umbral de la clínica, una serenidad me embarga”  y es que eso es parte del ser de Marbella, sosiego, serenidad y belleza.
                    Quien sabe conocer Marbella vuelve o se queda para siempre. Vinieron y siguen viniendo, y seguimos viniendo de tantas partes y nos quedamos, porque esta ciudad respira algo más profundo que una belleza de un paisaje bien hecho, de una luz transparente y brillante, de colores y olores embriagadores.  
                    Hoy nosotros, la ciudad entera, es la que  elige a un nuevo ciudadano, al mejor, haciendo Hijo Adoptivo de Marbella a D. Mario Vargas Llosa tenemos un faro iluminando de sueños, ideales de  libertad, cordialidad, generosidad y cultura nuestra ciudad. Imaginamos con él a ciudadanos paseando calmados tocando las piedras que nos hablan del pasado, sonámbulos devorando libros, fábulas y sueños.  Ensimismados por la belleza de Sierra Blanca y el mar, por la transparencia de la atmósfera, por los colores de las buganvillas y el olor de los jazmines. Cruzándonos  con luchadores de mansedumbre por construir una ciudad mejor.
                    El día que la prensa publicó el discurso del Premio Nobel “Elogio de la lectura y la ficción” yo elegí el lugar para leerlo por primera vez, me fui a la playa del Ancón. Lo leí despacio y deprisa, con ansía  y no deseando que acabara, llorando emocionada como tantos millones de personas en el mundo. El nombre de Mario Vargas Llosa me evoca desde entonces dos imágenes, el mar Mediterráneo y la Torre almenara del Ancón. Así que Vargas Llosa en mi memoria está  siempre en Marbella.
                   Y Marbella es hoy más. Con el mejor ciudadano posible, nos llena de honor y responsabilidad estar cada uno de nosotros a la altura de este gran hombre y  gran creador, D. Mario Vargas Llosa.
                  Ahora mismo, en su honor, una manada de hipopótamos recorren mansamente las calles de Marbella.
      


                                                             Carmen Díaz García
                                  
   
     
       
        
          
            


             

sábado, 16 de agosto de 2014

Mario Vargas Llosa Hijo Adoptivo de Marbella

    Ayer fue un día grande en Marbella, ayer hicimos hijo adoptivo a un ser supremo que nos había ofrecido el regalo de su vecindad por más de veinte años. Ayer no cabíamos, no cabíamos de emoción y tampoco de aforo y es que fueron multitud de habitantes, residentes y visitantes los que nos dimos cita en el Teatro Ciudad de Marbella para celebrar lo que no era más que un trámite, porque como se demostró con gran emoción los Marbellíes consideramos al Premio Nóbel uno de los nuestros y eso nos da para sentir mucho orgullo, es como si de alguna manera se nos pudiera contagiar parte de su genio por cercanía, en fin, como dice Agustín Casado “Si se pega el Ébola, yo por si acaso no me lavo esta mano que tendí al maestro y él aceptó” .


   El teatro estaba repleto hasta la bandera de ciudadanos ávidos de genialidad y provenientes de todas las individualidades que confluyen en nuestra peculiar y bellísima ciudad, aristócratas, artistas, autoridades, amantes de las letras, compatriotas peruanos de su otra nacionalidad y una pléyade de seguidores que han disfrutado de sus obras desde que eran adolescentes. Todos admirados ante la conciencia de tener ante nosotros a un gigante de las letras, un ídolo escribidor al que supersticiosamente acercarse por ver si somos alumbrados por un destello de su creatividad. Fue especialmente entrañable la presencia de Fernando Iwasaki y su hija la actriz Paula Iwasaki, que desde el patio de butacas miraba entusiasmado con esos ojitos de mixto nipón y que luego compartieron el cóctel con nosotros entre bromas, forman una familia muy ingeniosa y “disfrutona”, signo inequívoco de sabiduría.

   Al escenario subieron las autoridades, el Secretario del Ayuntamiento para dar fe del acto, La Alcaldesa Dña. Ángeles Muñoz y Dña. Carmen Díaz, ocupando una mesa oficial en el lado derecho, en el centro se encontraba un atril vestido con los estandartes de la ciudad y a la izquierda, dos cómodos asientos en los que erguidos y elegantes se sentó el matrimonio Vargas Llosa.


    
Abrió la sesión el secretario y dio paso a un pequeño introito de nuestra alcaldesa que cedió el testigo del peso del acto a la Concejal de Cultura. Carmen Díaz hizo un discurso magnífico, de una gran trayectoria, recorriendo los hitos bibliográficos y personales del autor con especial hincapié a su relación con Marbella , con una prosa de gran emoción que los asistentes interrumpieron en numerosas ocasiones y que consiguió emocionarnos. Demostró un conocimiento muy profundo de la obra del maestro de manera que se permitió la broma exquisita de asegurar “que manadas de mansos hipopótamos recorrían a estas horas las calles de Marbella en honor a él”, en recuerdo de la obra de teatro “Kathie y el Hipopótamo” poco conocida por el gran público. También puso de manifisto que como uno de los nuestros, sus éxitos nos emocionan, lo que ocurrió con su nombramiento de Premio Nóbel.

    Como compañera y socia de AMUM, la Asociación de Mujeres Universitarias de Marbella, Carmen Díaz nos elevó ayer al Olimpo de la excelencia y nos hizo sentir muy orgullosas de nuestra corporación y de todas sus socias, y es que estábamos casi todas allí, presididas por Garbiñe Larrazábal y escoltadas por Doña Blanca Molet, todas sintiendo la buena imagen que se hacía extensa a nosotras y qué afortunadas éramos de contar con ella.


   
 Acto seguido Don Mario recibió de manos de la alcaldesa un cuadro en el que figuraba el escudo y el nombramiento como Hijo Predilecto de Marbella que recibió ante el aplauso de todos los asistentes. Tomó la palabra para hablarnos de la otra Marbella, de la que no habla el papel cuché, pero que es testigo de innumerables creaciones, desde el arropo que la montaña de la Concha procura a sus habitantes, la vehemencia de un Mediterráneo amable las más de las veces, el anclaje a la historia que nos permiten las calles y plazas del Casco Antiguo y las numerosas actividades culturales que el Premio Nóbel disfruta en sus estancias, desde cineclubs, teatros, jornadas literarias, presentaciones y el diálogo constante y productivo con marbelleros de los que confesó haber aprendido mucho, sobre todo a cuidar su cuerpo y prepararlo para nuevas batallas.

Foto

    Un momento emotivo fue el del videomontaje en el que sus amigos de la ciudad hablaban sobre él y curiosamente, dentro de su grandeza como literato, la mayor parte de las elocuciones coincidían en que es una gran persona, sencillo, decidido a aprender de los demás y con una curiosidad por el mundo que lo va a mantener joven por mucho tiempo. A mí especialmente me emocionó la intervención de la escritora Marbellí Ana María Mata y es que Ana es una mujer de ideas muy claras y cuenta con las herramientas intelectuales para hacerlas florecer.


   
 Finalmente tenemos que agradecerle a Don Mario que se Bajara del escenario y a riesgo de su integridad física se hiciera fotos y saludara a cuantos nos acercamos a él. Yo no te lo dije, no te quería agobiar más, menudo lío, pero leí “La Ciudad y los Perros” con quince años, creo que en ese momento pasé de ser una amante de la lectura a una ávida de ella, no quería ni quiero perderme ni un solo mundo de los que escribes, yo estuve con Trujillo, con Pantaleón, con Gauguin… y gracias a ti descubrí que también hay otros autores, porque tú lees, lees mucho y bien… No quise atosigarte y pedir tu saludo, pero estuve junto a ti, mirándote con admiración y creo que el blusón de seda que llevaba puesto no lo voy a lavar hasta que Agustín Casado no se lave su mano, yo también tengo la esperanza de que tu talento se contagie.

Ana E.Venegas

Fotos de Miguel Rodríguez, Miguelón